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viernes, 3 de julio de 2009

Más poesía...


Deidad
Amado Nervo

Como duerme la chispa en el guijarro
y la estatua en el barro,
en ti duerme la divinidad.
Tan sólo en un dolor constante y fuerte al choque,
brota de la piedra inerte
el relámpago de la deidad.
No te quejes, por tanto, del destino,
pues lo que en tu interior hay de divino
sólo surge merced a él.
Soporta, si es posible, sonriendo,
la vida que el artista va esculpiendo,
el duro choque del cincel.
¿Qué importan para ti las horas malas,
si cada hora en tus nacientes alas
pone una pluma bella más?
Ya verás al cóndor en plena altura,
ya verás concluida la escultura,
ya verás, alma, ya verás…
0-0-0-0-0-0-0
El Enamorado
Jorge Luis Borges
Lunas, marfiles, instrumentos, rosas,
lámparas y la línea de Durero,
las nueve cifras y el cambiante cero,
debo fingir que existen esas cosas.
Debo fingir que en el pasado fueron
Persépolis y Roma y que una arena
sutil midió la suerte de la almena
que los siglos de hierro deshicieron.
Debo fingir las armas y la pira
de la epopeya y los pesados mares
que roen de la tierra los pilares.
Debo fingir que hay otros. Es mentira.
Sólo tú eres. Tú, mi desventura
y mi ventura, inagotable y pura.

domingo, 24 de mayo de 2009

Lecciones de las cosas

Me enseñaron las cosas equivocadamente...


Lecciones de las cosas

Me enseñaron las cosas equivocadamente
los que enseñan las cosas:
los padres, el maestro, el sacerdote
pues me dijeron: tienes que ser buena.
Basta ser bueno. Al bueno se le da
un dulce, una medalla, todo el amor, el cielo.

Y ser bueno es muy fácil. Basta abatir los párpados
y no ver y no juzgar lo que hacen
los otros, porque no es de tu incumbencia.

Basta no abrir los labios para no protestar
cuando alguno te empuje porque, o no quiso herirte
o no pudo evitarlo
o Dios está probando el temple de tu alma.

De cualquier modo, pues, cuando te ocurra el mal
hay que aceptarlo, agradecerlo incluso
pero no devolverlo. Y no preguntes
por qué. Porque los buenos
no son inquisitivos.

Y dar. Si tienes una capa córtala
en dos y entrega la mitad al otro
—aunque el otro no sea mas que un coleccionista
de mitades de capa. Eso es asunto suyo
y tu mano derecha debe ignorar... etcétera.

Y recibir con ambas mejillas, eso sí.

No siempre serán golpes.

A veces será el ramo de flores que suscita
fiebre de heno. A veces el marisco
que produce la alergia.
A veces el elogio
que, si no es falso, humilla la raíz
y que, si es falso, ofende. Tú perdona,
que es lo que hacen los buenos.

Obedecía. Se sabe: la obediencia
es la virtud mayor.

Y pasaron los años
y yo era la piedra de tropiezo contra
la que chocaba el distraído o,
si mejor emplazada, punching bag
en el que ejercitaban su destreza los fuertes.

A veces me ponía a hacer "viva la flor"
con mis cartas del naipe y llovía la gracia
indiferentemente sobre mis amigos
y los que eran amigos de mis amigos, es decir
mis enemigos.

Y me senté a esperar la medalla o el dulce
y la sonrisa, el premio, por fin, en este mundo.

Y sólo vi desprecio por mi debilidad,
odio por ser el instrumento
de la maldad ajena.

¿Con qué derecho quería santificarme
utilizando vicios o carencias
de los demás? ¿Por qué yo me elegía
como única elegida
y era el mecanismo como el grano de arena
que paraliza toda función? Y, paralíticos,
los activos, pensaban. Y yo era la causa
eficiente de aquellos pensamientos
y no había para mí sino condenación.
Hasta que comprendí. Y me hice un tornillo
bien aceitado con el cual la máquina
trabaja ya satisfactoriamente.

Un tornillo. No tengo
ningún nombre específico ni ningún atributo
según el cual poder calificarme
como mejor o peor o más o menos útil
que los otros tornillos.

Si tuviera que hacer mi apología
ante alguien (que no hay nadie, que nunca hubo
ningún testigo de lo que acontece)
diría que estuve en mi lugar y que
giré en la dirección correcta y a la velocidad
requerida y con la frecuencia necesaria.
Y que no procuré ni que me remplazaran
antes de tiempo, que me permitieran
seguir cuando me había sido declarada inservible.

Y, antes de terminar, quiero que quede
bien claro que no hice nada de lo que hice
por humildad. ¿Acaso los tornillos
son humildes? ¡Ridículo! Y que, menos aún,
mi conducta se entiende merced a la esperanza.

No, ya hace mucho tiempo que el cielo es un factor
que no entra en mis cálculos.

Conformidad, tal vez. Lo que de ningún modo
en un tornillo, como yo, es un mérito
sino, a lo sumo, es una condición.


De: Poesía no eres tú


Poema en audio: Lecciones de las cosas de Rosario Castellanos por Rosario Castellanos

jueves, 14 de mayo de 2009

Gabriela Mistral

Gabriela Mistral, sólo porque sí...


Todas íbamos a ser reinas


Todas íbamos a ser reinas,
de cuatro reinos sobre el mar:
Rosalía con Efigenia
y Lucila con Soledad.


En el valle de Elqui,
ceñido de cien montañas o de más,
que como ofrendas o tributos arden en rojo y azafrán.
Lo decíamos embriagadas, y lo tuvimos por verdad,
que seríamos todas reinas y llegaríamos al mar.


Con las trenzas de los siete años, y batas claras de percal,
persiguiendo tordos huidosen la sombra del higueral.
De los cuatro reinos, decíamos,indudables como el Korán,
que por grandes y por cabales alcanzarían hasta el mar.


Cuatro esposos desposarían, por el tiempo de desposar,
y eran reyes y cantadores como David, rey de Judá.
Y de ser grandes nuestros reinos,ellos tendrían,
sin faltar,mares verdes, mares de algasy el ave loca del faisán.


Y de tener todos los frutos, árbol de leche, árbol del pan,
el guayacán no cortaríamos ni morderíamos metal.
Todas íbamos a ser reinas,y de verídico reinar;
pero ninguna ha sido reina ni en Arauco ni en Copán...


Rosalía besó marino ya desposado con el mar,
y al besador, en las Guaitecas, se lo comió la tempestad.
Soledad crió siete hermanosy su sangre dejó en su pan,
y sus ojos quedaron negros de no haber visto nunca el mar.
En las viñas de Montegrande, con su puro seno candeal,
mece los hijos de otras reinas y los suyos nunca-jamás.


Efigenia cruzó extranjero en las rutas, y sin hablar,
le siguió, sin saberle nombre, porque el hombre parece el mar.
Y Lucila, que hablaba a río, a montaña y cañaveral,
en las lunas de la locura recibió reino de verdad.
En las nubes contó diez hijos y en los salares su reinar,
en los ríos ha visto esposos y su manto en la tempestad.


Pero en el valle de Elqui, donde son cien montañas o son más,
cantan las otras que vinieron y las que vienen cantarán:
«En la tierra seremos reinas, y de verídico reinar,
y siendo grandes nuestros reinos, llegaremos todas al mar».

viernes, 13 de marzo de 2009

Poesía - Viceversa

Hoy descubrí este poema, y está genial. No podría sentirme más identificada, oh señor Mario Benedetti que buena puntada.

Viceversa

Tengo miedo de verte
necesidad de verte
esperanza de verte
desazones de verte.

Tengo ganas de hallarte
preocupación de hallarte
certidumbre de hallarte
pobres dudas de hallarte.

Tengo urgencia de oírte
alegría de oírte
buena suerte de oírte
y temores de oírte.

o sea,
resumiendo
estoy jodido
y radiante
quizá más lo primero
que lo segundo
y también
viceversa.


lunes, 16 de febrero de 2009


MEMORÁNDUM
Mario Benedetti

Uno llegar e incorporarse el día
Dos respirar para subir la cuesta
Tres no jugarse en una sola apuesta
Cuatro escapar de la melancolía
Cinco aprender la nueva geografía
Seis no quedarse nunca sin la siesta
Siete el futuro no será una fiesta
Y ocho no amilanarse todavía
Nueve vaya a saber quién es el fuerte
Diez no dejar que la paciencia ceda
Once cuidarse de la buena suerte
Doce guardar la última moneda
Trece no tutearse con la muerte
Catorce disfrutar mientras se pueda




Escribir (fragmento)
Chantal Maillard


Escribir
para curar en la carne abierta
en el dolor de todos,
en esa muerte que mana en mí
y es la de todos.

Escribir
como condescendencia
y como rebeldía
sin elección, sin pausa
porque se va la luz, las fuerzas se le acaban.



Escribir para decir el grito,
para arrancarlo, para convertirlo,
para transformarlo, para desmenuzarlo,
para eliminarlo.
Escribir el dolor para proyectarlo,
para actuar sobre él con la palabra.


Escribir para curar, escribir para guarecerse,
escribir como si cerrase los ojos para no cerrarlos,
para mover la mano y seguir su curso,
para sentirse viva aún,
para aplazar la angustia como simulación,
para guiar la mente y que no se desboque,
para controlar lo controlable.

Escribir para reorganizar
escribir sin hacer concesiones
escribir como quien desespera,
para cauterizar, para tomarle las medidas al miedo
para conjurar, para morder de nuevo el anzuelo de la vida,
para no claudicar.

Escribir para apuntar al blanco
escribir con palabras pequeñas,
palabras cotidianas,
palabras muy concretas.